Búnker V-GJ con el perro momificado
Descripción
Un búnker de mando excavado en la roca de una colina de la ciudad — y bastante grande, además. Tiene tres entradas a lo largo de la calle: una medio cegada, otra casi por completo. En el interior, los túneles se bifurcan en una red de cruces y ramificaciones, con algunas decenas de pequeñas salas vacías y cámaras más amplias al fondo de los callejones sin salida.
La instalación albergó en su día un generador diésel, del que hoy no quedan más que la base de hormigón y el olor. El búnker está seco, aunque la humedad rezuma por las paredes en algunos puntos. El estado es lamentable: en esencia, solo han sobrevivido las paredes. No queda ningún metal. La impermeabilización plástica se conserva en algunos tramos.
El acceso es completamente libre. El lugar es frecuentado por la juventud local y está parcialmente cubierto de grafitis. En el interior vive un número anormal de polillas; por el suelo se esparcen esqueletos de perros. Fuera, un anciano apacienta su cabra.